El Jardín Sostenible |
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Precisamente la variabilidad del clima mediterráneo hace que a menudo nos olvidemos de que la situación es realmente preocupante. Podemos observar meses seguidos sin lluvia, pantanos secos, ríos bajo mínimos e incluso llegar a sufrir restricciones de agua. Pero de repente llegan días de mucha, incluso demasiada lluvia. Entonces bajamos la guardia y pensamos que ya está, que no de qué preocuparse. Pero la realidad es que el clima es cada vez más seco.
AHORRAR AGUA Debemos saber adaptarnos a la nueva situación. El concepto de ahorro de agua, que hasta ahora tan sólo lo aplicábamos si veíamos que la factura subía demasiado, debe comenzar a aplicarse a todas las facetas humanas. Y la jardinería no es una excepción. El consumo creciente del líquido para el riego de parques, jardines, cultivos e incluso campos de golf contradice la dirección que nos marca la naturaleza.
Aquí proponemos el uso de la xerojardinería, tratada ampliamente en otro artículo de portaldeljardin. Esta palabra, compuesta por el prefijo “xero”, del griego, “seco”, denomina un tipo de jardinería que podríamos calificar de actual. En realidad, significa volver a cultivar los vegetales tal como lo hacían nuestros ancestros, en conjunción con las condiciones que marcaba el clima. De hecho, se trata de una jardinería que imita la naturaleza de cada territorio en función de las condiciones climáticas. En el paisaje natural mediterráneo no abundan los prados verdes en verano ni tampoco los árboles tropicales. En cambio, encontramos especies herbáceas de diferentes tipos que amarillean en verano así como árboles y arbustos típicamente mediterráneos como las encinas o los madroños. La xerojardinería también implica el bajo mantenimiento de las plantas. Bajo consumo de fitosanitarios, abonos químicos y demás productos que también suponen un gasto económico y ecológico para el planeta.
Antes de nada debemos observar las condiciones de nuestro jardín, terraza o terreno. Miraremos las condiciones climáticas, temperatura, humedad, orientación, zonas de sol y sombra, así como las características físicas, el terreno, las paredes, los suelos, barandas, etc. Una vez hecha la observación inicial diseñaremos el jardín con las plantas adecuadas según los criterios mencionados y según la utilidad que le queramos dar a nuestro espacio. Obviamente siempre escogeremos especies naturales de la zona, que mostrarán una adaptación óptima. Por ejemplo, para zonas soleadas escogeremos el romero o el tomillo mientras que para los sitios sombríos nos decidiremos por la menta. La protección contra el viento es importante para favorecer el crecimiento de las plantas. Si hace falta deberemos instalar elementos como celosías o vallas que servirán de soporte para el crecimiento de especies que pueden formar barreras vegetales.
Las plantas precisan agua para su supervivencia pero usando ciertas técnicas reduciremos el consumo al mínimo. Una buena solución es aplicar una capa superficial de corteza u otro tipo de material para acolchonar la superficie de nuestras macetas o parterres. Esto evitará la evaporación y favorecerá una mejor distribución del agua de riego. En cuanto al tipo de riego, el de mayor eficiencia es el goteo, que consiste en la distribución del agua en gotas mediante un sistema de tubos de plástico. En cualquier caso, el riego por inundación, zanjas, o mediante manguera es el que mayor gasto tiene y, a su vez, el más ineficiente.
SELECCIÓN DE ESPECIES Para la jardinería sostenible se usarán las plantas autóctonas del clima en el que deseamos plantar. En nuestro caso, el mediterráneo.
DISFRUTAR Sólo nos queda disfrutar del jardín sostenible. Realmente, la satisfacción es doble porque a la vez que plantamos nuestros vegetales, esta actividad contribuye al ahorro de recursos naturales y a la prevención del cambio climático. ¡A disfrutar! |







