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Boletín

La magia de la germinación

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Plantar una semilla y que de ella nazca un árbol parece uno de los milagros más sorprendentes de la naturaleza. Sin lugar a dudas, lo es, aunque en realidad hay diversos trucos para contribuir a que ese pequeño milagro podamos conseguirlo todos.

Es determinante como preparemos la tierra que acogerá esa nueva vida, la manera en que transplantaremos la pequeña planta del semillero hasta su lugar definitivo. En el portaldeljardin.com vamos a contarte cuatro ideas básicas para que tu cometido sea un verdadero éxito.

 

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Tierra
Los conocidos semilleros son aquellos recipientes que acogen la semilla en principio del proceso. Como son parte del principio de un proceso maravilloso, es esencial cuidar mucho los detalles en este estadio inicial de la planta. La tierra que componga el semillero ayudará o entorpecerá la germinación de nuestras semillas. Lo mejor es comprar compost para macetas de buena calidad, puesto que si le ponemos tierra ordinaria es muy fácil que se nos agriete y facilite que los insectos y plagas se multipliquen por doquier. La tierra para semilleros que se comercializa actualmente está esterilizada y ofrece una mezcla óptima para cumplir nuestro objetivo. Para un buen compost necesitaremos una mezcla de marga, turba y arena en la siguiente proporción: 7 partes de marga esterilizada, 3 partes de turba esterilizada y dos partes de arena gruesa. Aproximadamente por cada 25 kg le añadiremos 100 gramos de fertilizante básico.

 

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Transplante
Uno de los momentos más delicados en la vida de una planta, como en el caso de la germinación, es su transplante. La planta está acostumbrada al espacio, el suelo, el sol y el aire dónde ha crecido. Cuando la transplantamos, la arrancamos de su hábitat, le sacudimos las raíces y la ubicamos en un lugar desconocido. Por eso es muy importante hacer los transplantes con mucho mimo y tacto. Pensad que la planta está, nunca mejor dicho, en vuestras manos en un momento muy delicado de su vida.

El primer paso para hacer un transplante con éxito es desenterrar la planta con mucha suavidad, asegurándonos que tenga la máxima tierra adherida a las raíces. Enterraremos las raíces en el suelo de manera que tengan la misma o como mínimo similar disposición a la anterior. Luego aplastaremos el suelo sin apretar bruscamente para evitar que las raíces más tiernas se rompan. A continuación es imprescindible regar de manera abundante, incluso es aconsejable encharcar la plántula.

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Otra buena opción es colocar las plantas en caso de lluvia o de lluvia inminente, que nos hará el trabajo de riego abundante y continuado.

En general estos son los cuidados inmediatos, aunque deberemos vigilar atentamente la aparición de posibles plagas, que gustan de los tallos tiernos para alimentarse y las plantas en transplante son su predilección. De nuestra atención dependerá en buena medida que nuestra semilla, convertida en plántula, supere este nuevo estadio y se convierta en esa planta que deseamos.